Tu Municipio

Historia

Por colindar el municipio de Hueypoxtla con la cuenca de México y encontrarse a corta distancia del municipio de Tequixquiac, donde fue hallado un hueso sacro, es probable que haya habido en ese territorio pequeñas bandas nómadas desde hace unos 20 a 15 mil años. Hasta la fecha no se ha hallado en la región hueypoxtleca vestigio alguno del hombre prehispánico; sin embargo, se han podido encontrar hermosas muestras de fósiles de especies vegetal y animal, procedentes del cretáceo, que han servido para estudiar la paleontología de México.

Refiriéndonos nuevamente a la situación geográfica del municipio de Hueypoxtla, podemos decir con seguridad que este no escapó al desarrollo social y cultural en el que influyeron primero los teotihuacanos y posteriormente los toltecas.

Al arribar a la región los primeros pobladores, náhuas y otomíes, fundaron un pueblo al que llamaron Teotlalpan, palabra de origen náhuatl que significa, "€œlugar de la creación"€, también se llamó Iztaczacuala, quizá por ser blanca la piedra del lugar.

Hueypoxtla fue fundado en el año de 1219 aproximadamente por grupos tolteca-chichimecas y más tarde se establecieron los otomíes.

Sobre los maceguales que eran la gente común, dominaban los señores principales; por lo general, quien gobernaba era el guerrero más valiente y cuando este moría, el poder pasaba al hijo; cuando no había descendientes el poder pasaba al guerrero más valiente el cual era escogido por los mismos pobladores, pero si no usaba bien el traje guerrero o traicionaba a los suyos lo destronaban.

figuras arqueológicas.

Durante las luchas usaban como armas: arcos, flechas, hondas, macanas y otros objetos.

Antes de la llegada de los españoles, los pobladores de Hueypoxtla producían para los tributos y el comercio: mantillas de henequén y algodón, aves, plumas e instrumentos para la guerra; además procesaban la cal.

Antes de 1521 reconocían como gran señor hueytlatoani a Moctezuma desde 1440 a 1469 y por tributo daban: venados, conejos, redes, costales y mantillas de henequén, codornices, arcos y flechas. Al consolidarse la Triple Alianza, Hueypoxtla quedó incluida en la Tlahtocayotl, unidad administrativa y política de Apaxco, a la que estaban subordinados también Tequixquiac y Jilotzingo.

A raíz de la invasión española, consumada en Tenochtitlán en 1521, Hueypoxtla se encontraba enmarcada en el área tepaneca, cuya sede fue primero Azcapotzalco y luego Tlaxcoapan, hoy Tacuba. Ya entonces tenía la categoría de cabeza de pueblo.

Hueypoxtla y sus estancias de Tianguistongo y Tlacuitlapilco, fueron otorgadas en encomienda a Antón Bravo y Pedro de Valencia (Pedro Valeriano). En 1540 cada uno poseía su respectiva porción y a principios de 1550 la doble Encomienda fue heredada por el hijo de Antón Bravo del mismo nombre y María Garao García, hija de Pedro de Valencia.

La Encomienda persistió por lo menos hasta 1659, pues hay prueba de que los tributos de este pueblo eran entregados al conde Moctezuma en 1647-1648.

Hacia 1570 en la cuenca de México había 15 corregimientos, 12 de los cuales estaban en la parte central, Hueypoxtla se ubicaba junto con Tornacustla, en la parte norte de la cuenca, a partir del siglo XVI al siglo XVIII la autoridad de mayor rango era, indiscutiblemente el alcalde mayor o el corregidor.

En ese entonces empezaron a proliferar las casas semejantes a las de los españoles: altas, con muros de piedra, azotea de terrado o bóveda de cañón, las calles eran torcidas, mal trazadas y angostas.

En las primeras décadas de la Colonia las lenguas que hablaban los indígenas del municipio eran otomí y náhuatl, quienes se culturizaron rápidamente de acuerdo a los modelos españoles; el mestizaje se desarrolló pronto, en cuanto los españoles se apoderaron de Hueypoxtla, se intensificó la evangelización cristiana mediante políticas especiales hicieron desaparecer muchos pueblos y se posesionaron de sus tierras incluso de las del valle del Mezquital, donde fundaron haciendas. La evangelización coadyuvó al control, sometimiento y explotación de los naturales.

La cabecera de Hueypoxtla y sus sujetos construían sus iglesias orientándolas de oriente a poniente, entre los años 1540 y 1570 ya había un cura párroco y un vicario; la iglesia de la cabecera fue elevada a la categoría de parroquia en el año de 1593.

De las canteras de Hueypoxtla se sacaban piedras para ser utilizadas en los molinos. Había muchas caleras y otras piedras de color rosado que servían para hacer fachadas de casas, portales, gracias a que no se carcomían con salitre ni con otra cosa podían ser utilizadas en cualquier construcción. Se producía principalmente en los pueblos del norte de la cuenca de México, Zumpango, Zitlaltepec, Xaltocan, Hueypoxtla y Tequixquiac, su manufactura y venta ofrecían una fuente de actividad comercial a las comunidades circundantes.

En Hueypoxtla la quema de piedra caliza se convirtió en una industria muy importante. Los españoles comerciantes de cal establecieron un activo comercio en el siglo XVI entre la ciudad de México y los indígenas de Hueypoxtla. Los habitantes de los pueblos cercanos, como Jilotzingo, compraban la piedra caliza en Hueypoxtla, la que quemaban y rendían la cal. El proceso vequería de hornos y combustibles de madera y de ciertos conocimientos técnicos.

Aunque se activó bastante esta industria, no duró mucho, especialmente porque se dependía del mercado principal de la República y la mayor parte de la cal de México, a fines del período colonial se obtenía de la región de Tula, mucho más al norte; otra causa de la decadencia de esta actividad fue el intermediarismo de comerciantes.

Para el comercio y uso doméstico de la sal, por no haber salinas en Hueypoxtla, se traía de Xaltocan.

A mediados del siglo XVI se empezaron a establecer más españoles en el municipio y gracias a sus relaciones políticas, algunos en áreas de tierra a las que llamaron originalmente ranchos y que a principios del siglo XVII denominaron haciendas; de esta manera fueron despojados a los indígenas de sus tierras, tanto agrícolas como de pastoreo y comunales.

En 1820 el pueblo de Hueypoxtla y su comarca era delegación que pertenecía a la alcaldía mayor de Atitalaquia, en base al decreto para constituir ayuntamientos en la Nueva España, apoyándose en la Constitución de Cádiz y en el reglamento respectivo que al efecto expidió el rey, Hueypoxtla se apresuró a organizar los preparativos para las elecciones de su ayuntamiento, ya que la ley se lo permitía; para integrar su demarcación municipal se fundamentó en lo dispuesto en el artículo 35, capítulo tercero, título 30 del reglamento correspondiente de fecha 24 de marzo de ese año, lo cual facultaba que tanto los pueblos como las haciendas y ranchos que en lo relativo pertenecieran a la parroquia de Hueypoxtla, debían agruparse para constituir su propio ayuntamiento y por consiguiente su municipio.

La parroquia se integraba por la cabecera y la estancia de las cuevas; los pueblos de Santa María La Calera, San Francisco Zacacalco, San Juan Tianguistongo y las haciendas de: Tezontlalpan, Batha, Casa Blanca y Temoaya con sus respectivos ranchos además del pueblo de Jilotzingo.

Las elecciones para designar electores se llevaron a cabo el día 16 de julio de 1820 y el día 23 del mismo las elecciones de ayuntamiento constitucional, que por ser el primero de su género en la historia de este lugar, motivó el nacimiento de Hueypoxtla, ese histórico día 23 de julio de 1820.

En la primera reglamentación para la integración de ayuntamientos del Estado de México, del 9 de febrero de 1825, en la Memoria de gobierno de Melchor Muzquiz, primer gobernador del Estado Libre y Soberano del Estado de México, se le reconoce a Hueypoxtla como tal.

Correspondió el honor de ser el primer alcalde municipal constitucional de Hueypoxtla al señor Francisco Antonio de Arana, quien al asumir el cargo suprimió automáticamente las funciones de los gobernadores, ayuntamiento de indios, topiles y demás funcionarios menores que se venían desempeñando en los pueblos de esta comarca.

En el año de 1821, año en el que se consolidó nuestra Independencia de México, fue electo alcalde de nuestro municipio el señor Juan de la Serna y Echarte; en 1822 correspondió este cargo a Francisco Torres, en los primeros meses de ese año se procuró retirar las milicias realistas a cargo del teniente coronel Francisco Antonio de Arana, que aún permanecían en la comandancia de la hacienda de Tezontlalpan, la cual dependía del cuerpo de Dragones de Tula, a lo cual el comandante teniente coronel Jerónimo Villamil se opuso.

Ese mismo año se arregló el problema y se establecieron en Hueypoxtla dos compañías de la nación.

En marzo de 1823 el cuartel general de la guardia nacional de Actopan dio instrucciones al capitán Francisco Antonio de Arana, para que formara una guarnición de esta guardia en el cuartel de Tezontlalpan, porque andaba un cabecilla, al que nombraban Espinocita con una fuerte y crecida partida de soldados, asaltando y robando tanto los pueblos como haciendas indefensos, como ya lo había hecho en Ecatepec y Texcoco, como la doctrina de Hueypoxtla fue tomada por el ejército libertado, se temía que hubiera represalias.

Por decreto expedido por la legislatura del estado, el 8 de abril de 1825, se agregó el curato de Hueypoxtla y los pueblos de Tequixquiac al partido de Zumpango.

El día 19 de agosto de 1847 se ordenó que sin excusa ni pretexto se concentrará en Zumpango toda la guardia nacional del municipio.

El 14 de septiembre de ese mismo año el jefe político exhortó al alcalde de Hueypoxtla que con el auxilio de todas las autoridades de los pueblos del municipio vigilaran caminos y veredas para aprehender a los soldados mexicanos desertores que se hallaban dispersos y pidió que aquellas circunstancias debían provocar la ayuda y unidad hasta vengar la afrenta por los invasores que habían tomado la capital, advirtiéndole que la falta de cumplimiento se pagaría entre la nación.

Al despuntar el año de 1862, el visitador en la cabecera del distrito de Zumpango, dejó instrucciones al subprefecto Epigmenio Parra, mismas que transmitió al alcalde de Hueypoxtla con relación al precepto del supremo gobierno para que del Estado de México saliera una división en campaña contra el extranjero, por lo que los individuos que enviará serían de los que menos falta hicieran en la sociedad y principalmente a sus familias; esta situación correspondía a la inminente invasión de las tropas extranjeras, que ya se encontraban en Veracruz, procedentes de España, Inglaterra y Francia, que mediante una intervención armada, querían obligar al gobierno mexicano a pagar la deuda que había contraído con particulares de esas naciones.

Para la defensa, en nuestro municipio había dos importantes cuarteles, el de Cuevas y el de la hacienda de Casa Blanca, otros no sin menor importancia en la cabecera municipal, Tezontlalpan, Jilotzingo, Santa María Ajoloapan y Tianguistongo. El cuartel de Cuevas estaba al mando de don Guillermo Oropeza y contaba con una compañía de 110 hombres de tropa, entre infantes y caballería.

La guardia de seguridad pública de este municipio se constituyó por asamblea popular, el día 27 de abril de 1862, resultando electos José Leocadio Medina, como teniente primero; Guillermo Oropeza, de Cuevas como capitán de media compañía y Francisco Isla, de Casa Blanca, como alférez o subteniente.

El municipio de Hueypoxtla se vio acosado en varias ocasiones por gavillas de malhechores en distintas fechas. El 12 de mayo de 1862, se refugiaron o pasaron por Hueypoxtla desertores del ejército de oriente, pretextando que los habían liberado por el reciente triunfo de las armas mexicanas en Puebla; el 13 de septiembre de ese aciago año fue sepultado con todos los honores de un héroe en la ciudad de México, el ilustre general Ignacio Zaragoza, quien falleció a consecuencia de las lesiones que sufrío en la Batalla de Puebla.

En el año de 1864, el municipio de Hueypoxtla estaba integrado por 6 pueblos y 4 haciendas con sus respectivos ranchos; los habitaban 5,892 personas. La hacienda de Casa Blanca se valuaba en 136 mil pesos y la de Tezontlalpan en 112,690 pesos; ambas producían maíz, cebada, pulque, trigo, etcétera; tenían pocos animales debido a los recientes acontecimientos que les dejaron pérdidas calculadas en los 8 y 12 mil pesos respectivamente para Casa Blanca y Tezontlalpan.

Era un hecho que para mejorar la producción agrícola, las haciendas necesitaban de obras de irrigación; las tierras eran tan tepetatosas que tenían un aspecto miserable. Por otra parte, el municipio carecía de hombres notables en la ciencia y en la cultura; las fábricas eran desconocidas sólo se producía la cal, para cuyo efecto era tan escasa la leña, para adquirirla se tenía que caminar hasta más de tres leguas, obtenían los trabajadores de esta rama medio real y tres cuartillos de maíz por día.

En ese mismo año el día 7 de mayo, el pueblo de Tlapanaloya que pertenecía al municipio de Tequixquiac, se agregó al de Hueypoxtla.

Del año de 1864 hasta agosto de 1866 el control político se dirigió desde la comandancia militar de Zumpango y la subprefectura del mismo distrito, pero más marcadamente de Cuautitlán.

A partir de agosto de 1866 se intensificó la actividad militar en el municipio, particularmente a principios del año 1867, al incrementarse el número de individuos que abrían trincheras con el fin de recuperar la capital de México, que había caído en poder de los imperialistas, así mismo el reclutamiento de más hombres para las reservas del ejército republicano que alcanzó una brillante victoria en Querétaro y después en México. Nuestro municipio con todas sus contingencias, no solamente aportó para estos casos material humano; también ayudó con caballos de silla, animales de trabajo, carretas, pastura, semillas, aves, ganado mayor y menor para alimento del ejército, dinero, armas y muchas cosas más.

El día 27 de septiembre de 1867, el entonces presidente de la República Mexicana, el licenciado Benito Juárez García, tomando en consideración la conducta patriótica que habían observado los vecinos de Zumpango y desde luego los de Hueypoxtla durante la época de la Intervención Francesa, hizo la honrosa declaración de acordar que las poblaciones de este partido eran dignas de contarse entre los pueblos libres.

Desde la erección del Estado de México, en 1824 hasta el inicio del año de 1867 se hicieron esfuerzos por establecer colegios de primeras letras a través de la junta de instrucción pública, que para su sostenimiento y el sueldo de los preceptores, se contaba con la contribución particular de ciudadanos, mismas que la presidencia municipal se encargaba de cobrar por conducto de un tesorero de la misma junta, el cual era supervisado por la jefatura política.

En 1865 acudían a las escuelas deterioradas del municipio, 140 niños y 90 niñas de una población escolar de más de 1,500 pequeños; en la villa de Hueypoxtla había planteles para niños y para niñas por separado; las materias que se impartían básicamente eran: escritura, lectura, aritmética, caligrafía, ortografía y muy especialmente el catecismo o doctrina cristiana.

A partir de 1867 la principal preocupación de los gobiernos fue mejorar la instrucción pública que llegaba sólo hasta el tercer grado; el trabajo de campo siempre fue la principal actividad y las mejores tierras estaban siempre dentro de las grandes haciendas. La actividad comercial era pobre y sólo pocos comerciantes descollaban porque las haciendas además de controlar la producción agrícola y ganadera en gran escala, lo hacían también en la rama del comercio y de la industria. Las haciendas tenían para su servicio continuo, su propio pueblo compuesto por los trabajadores acasillados con sus esposas, hijos y otros familiares que vivían en las mismas haciendas en donde además había una capilla, escuela, tienda y rondel para jaripeos.

El actual panteón de la cabecera municipal empezó a funcionar en el año de 1907; antes de este año los difuntos se sepultaban en el cementerio de la parroquia que se localizaba al norte de la parroquia o en fosas de dos hileras que estaban alineadas rumbo al sur hacia el paño de la puerta del templo. Mucho antes de esto existió un panteón al que le decían campo santo viejo y que se ubicaba donde esta ahora la casa de don Roque Hernández muy conocido en la cabecera municipal.

Un año antes de la conmemoración del centenario de nuestra Independencia Nacional los 4 pueblos, la villa, las cinco haciendas y los veinte ranchos que conformaban nuestro municipio, tenían establecidas 1,265 casas, en donde vivían 1,277 familias compuestas por 8,602 habitantes. Las actividades de la economía se concentraban en las haciendas y ranchos, tan sólo las haciendas ocupaban una extensión territorial de 22,450 hectáreas y a parte de la producción de maíz, cebada, trigo, frijol, maguey se obtenían aceite de oliva, ajonjolí, nabo, linaza, higuerilla, acrecerá y miel de abeja, cera vegetal, grasas, leche, mantequilla, huevo, seda de gusano, de mora y vegetal.

En las extensas áreas de pastos de las haciendas del municipio pastaban cientos de cabezas de ganado mayor y menor; para el apoyo a la agricultura se contaba con un sistema hidráulico, consistente en presas, jagüeyes, bordos y canales. Los árboles y magueyes eran estrictamente protegidos; para ello había guardia en los terrenos permanentemente.

La jornada de los trabajadores era de sol a sol, los cuales mataban el tiempo libre bebiendo pulque; muchos de ellos se ayudaban arrendando las tierras de los hacendados, desde luego con ventajas para estos últimos.

Como recuerdo conmemorativo del centenario de nuestra Independencia, se construyó la planta alta del palacio municipal y se hicieron mejoras a la casa del curato parroquial.

En enero de 1911 el juez de distrito en el estado, solicitó a las autoridades de este municipio la búsqueda y aprehensión de Francisco I Madero y de Roque Estrada.

En ese mismo año el comandante de Jilotzingo informó que el 4 de julio los vecinos de ese lugar ya no quisieron hacer sus rondas, porque se consideraban hombres libres y gritaban jubilosamente ¡Viva Madero! Encabezados por Bonifacio Godinez y pronto en todo el municipio, muchos campesinos decían: "€œFelizmente con las armas y esmero, vamos a combatir con Francisco I. Madero"€.

Una columna de hombres armados que vestían camisa y calzón de color blanco, arribó a Tianguistongo el 29 de marzo de 1913, y el 3 de julio de ese mismo año, en una acción de asalto a la hacienda de Casa Blanca, murió el doctor Luis Rodríguez, de Tizayuca y el torero Luciano. Poco después, el 12 de octubre fue ocupada la plaza de Santa María Ajoloapan por fuerzas de zapatistas al mando de los generales Genoveno de la O y Felipe Neri, que habían combatido poco antes en la mesa de Tianguistongo en contra de los federales.

Posteriormente, el 20 de junio de 1916, volvió a ser ocupada Ajoloapan, pero esta vez por hombres de Francisco Villa, comandados por el general Andrés Almazán, que venía del rumbo de Actopan; la ocupación duró 15 días.

Los hombres de nuestro municipio que abrazaron la causa del zapatismo fueron: José Esparragoza, Timoteo García, Pedro Sánchez, Manuel Rodríguez, José Soto, Francisco Hernández, Luis Cerón, Ascención Sánchez, Aurelio Pineda y Felipe Martínez, entre otros.

En el año 1917 se desató una epidemia de gripe que se generalizó al año siguiente de manera alarmante.

El movimiento agrario se intensificó y se gestionó el ejido de Hueypoxtla. Después de 1920, se integraron como pueblos las comunidades agrarias de Nopala, San José Batha, El Carmen, Casa Blanca, La Gloria, Tezontlalpan de Zapata. A las haciendas se les aplicó la Ley Agraria y sus dueños fueron Rafael Ortíz de la Huerta, de Casa Blanca y de Batha; Manuel Villamil, de  Tezontlalpan y de San Sebastián, doña Guadalupe Alverde Couto, de San José de la Peña, doña Petra de Borges, del rancho del Rincón de Guadalupe y Alberto Montoya, del Tezontle.

Las dotaciones de ejidos se realizaron en los siguientes años: Santa María Ajoloapan, en 1923, 1929 y 1937; San Marcos Jilotzingo en 1925 y 1929; Tianguistongo, en 1924, 1929 y 1937; San Francisco Zacacalco en 1925 y 1929; La Gloria en 1930 y 1937; Hueypoxtla en 1926; El Carmen, en 1931; Casa Blanca, en 1934; San José Batha, en 1929; San Miguel Tepetates, en 1929 y Tezontlalpan en 1929 y 1937, todos con un total de 21,699.019 hectáreas, quedándose sin afectar unas 3,600 hectáreas que hoy corresponden al régimen de pequeña propiedad.

Durante el mandato constitucional del presidente municipal Saturnino Rodríguez (1936-1937), se iniciaron las gestiones para electrificación del municipio de Hueypoxtla, habiéndose resuelto la petición en el período del gobernador Gustavo Baz Prada.

A partir de los años 1959-1960, empezó una nueva transformación en el municipio, ya que se procuró electrificar las comunidades del municipio. A partir de 1963 se inició la construcción de nuevos planteles educativos, el primero de ellos fue la escuela secundaria en la cabecera municipal, la escuela primaria "Narciso G. Flores", se construyó en el año 1968.

Durante la gestión del ayuntamiento (1967-1969) se demolió el edificio de la presidencia municipal, el cual había sido construido en la época colonial y que albergó al corregimiento y la alcaldía mayor.

En el año 1982 se inauguraron las obras de terrazas para conservación del suelo y agua, así mismo se puso en operación el canal Marcelo, obra hidráulica de riego con aguas negras del desagüe del valle de México, con capacidad de 3 metros cúbicos y 18 kilómetros de longitud, para irrigar tres mil hectáreas. Para la realización de esta obra contribuyeron todos los ejidatarios con la mano de obra dirigidos por el diputado Marcelo Palafox Cárdenas, quien trabajó incansablemente con energía hasta la terminación.

Gracias a la invaluable tenacidad y empeño del licenciado Mario Colín, entre 1978 y 1979, se llevó a cabo la construcción del centro cultural, siendo presidente del patronato el señor Ramiro Ramírez Bravo, quien fue también su primer director y gestor.

El Centro de Bachillerato Tecnológico Dr. Efraín Hernández Xolocotzi, tiene 16 años de haber emprendido sus operaciones en la cabecera municipal, a partir de 1996 dejó de ser agropecuario; este centro escolar constituye una sólida y fuerte esperanza para la juventud.

En el año de 1997 y 1998 se llevaron a cabo muchas obras de beneficio para todo el municipio, pues se le ha dado mayor importancia a los planteles educativos aunque no por ello se han descuidado las obras de pavimentación, guarniciones y banquetas, electrificación, agua potable. En este mismo periodo se llevó a cabo la remodelación de la plaza pública municipal en la cabecera.